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ONCE UPON A TIME IN HOLLYWOOD | CRÍTICA SIN SPOILERS

Que Quentin Tarantino se toma su tiempo con sus películas lo sabemos todos. Y, seamos más o menos fans, también sabemos que cuando decide parirlas suelen estar muy bien paridas. Que le gusten a uno más o menos ya es otra historia. Ahora bien, ¿es Once Upon a Time in Hollywood la excepción en este caso? Bueno, en esta crítica os traemos dos opiniones en una. Así no se dice que si fanboy que si hater y todo eso que está tan de moda.

Aquí en español.

¿Dos películas en una? ¿POR EL MISMO PRECIO?

Con una duración de 2 horas y 45 minutos, no podemos negar que en Érase una vez en… Hollywood (Once Upon a Time… in Hollywood) pasan muchas cosas. Tantas que podríamos hablar de que son dos películas en vez de una sola.

Por un lado tenemos la historia del dúo protagonista, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y Cliff Booth (Brad Pitt). Con ellos viene no sólo su historia profesional y su amistad, sino toda la carga emocional de uno y otro. Por un lado, Dalton como un actor frustrado que intenta recuperar lo que cree su antigua gloria. Y por otro Booth, quien realmente sólo quiere que lo dejen tranquilo y ganarse unos dólares.

Peli o manta. Once Upon a Time in Hollywood.

Con este dúo viene lo que creo que es la parte dominante de la cinta: la oda a la industria del cine. Es innegable que entre homenajes y referencias, Tarantino ha vertido todo su amor por el séptimo arte en su historia, permitiendo que controle la cinta por completo.

Pero claro, luego está la “otra” historia. La que, en mi caso, pensaba que iba a ver: la de Roman Polanski (Rafal Zawierucha), Sharon Tate (Margot Robbie), y la familia Manson. Y he aquí mi decepción, porque es, en realidad, el trasfondo.

Así como en Malditos Bastardos (Inglourious Basterds, 2009) la historia giraba entorno a reescribir los hechos para el universo de Tarantino, en Érase una vez… en Hollywood, Sharon Tate y Polanski son apenas extras. Y los Manson una caricatura que sirve como entretenimiento.

Pero qué guapos todos en Once Upon a Time in Hollywood, ¿verdad?

Dejemos a un lado mi decepción por haber esperado un Malditos Bastardos al estilo noir Hollywoodiense. Érase una vez en Hollywood tiene muchas cosas buenas. Es una cinta cuidada al detalle, una explosión de cariño por el cine con unos sublimes Pitt y DiCaprio como guinda en el pastel.

Las escenas de DiCaprio son puro entretenimiento, en particular sus monólogos, que nos recuerdan por qué los cinéfilos del mundo defendimos su derecho a un Óscar durante tantos años. Tarantino consigue explotar y ensalzar el carisma de sus protagonistas, y como siempre se recrea con diálogos orgánicos y atrapantes hasta el punto de olvidarte de la secuencia que venía antes.

Y no me excedo más pa que el pobre John Doe pueda explayarse.


En efecto, Xenia, mi queridísimo y hermoso DiCaprio pone toda su carne en el asador de la interpretación. Y hablando de carne no podían faltar los sensuales abdominales de Pitt. Y es que Brad Pitt es un dios hombre muy guapo y Tarantino lo sabe. Sus escenas relucen por la sensualidad y la picaresca del actor, quien nos deja una de sus interpretaciones más salvajes, tiernas y sexys a la vez.

Quizás la que menos destaque es Margot Robbie, quedando todas sus escenas en segundo plano, nos ofrece una buena interpretación pero que no acaba de relucir.

Peli o manta. Once Upon a Time in Hollywood. Margot Robbie

Por contra, la que acaba resplandeciendo (y mucho) es la joven Margaret Qualley —que ya despuntó en The Nice Guys (2016)— y que interpreta con mucha picardía a la alocada Pussycat (va en serio, su nombre era ese), una de las fieles dementes servidoras del terrible Charles Manson.

A la mierda lo indie. VIVAN LAS SUPERPRODUCCIONES

Si en algo destaca mucho la novena película del señor Tarantino es en el Diseño de Producción.

¿Qué diantres es eso? Preguntaréis algunos. Pues me refiero al cuidado de sus escenarios, carteles, vehículos, vestuarios, color y estilo de la película, ambientando a la perfección el Hollywood de finales de los 60, drogas incluidas. Todo un logro que solo podría lograrse con mogollón de fajos de billetes, cosa que a nuestro querido Quentin no ha parecido faltarle.

Peli o manta. Once Upon a Time in Hollywood. Leonardo DiCaprio

Y eso que es la primera producción que hace sin su habitual mecenas Harvey Weinstein. Pero mejor no preguntarle por ello porque se ve que le debe bastante dinero.

Destacar también una magnífica banda sonora, ya habitual en las cintas del director tennesiano. Aunque esta vez la selección musical se debe únicamente a canciones de los 60, de entre las que destacan artistas como Bob Seger, Joe Cocker, Aretha Franklin, The Mamas & The Papas, Deep Purple o incluso Los Bravos.

La conclusión de Once Upon a Time in Hollywood — Pues se ha quedado buena tarde

Érase una vez en Hollywood es una película de un amante del cine para otros amantes del cine. Tirando de nostalgia y con una realización exquisita, sin duda logra su propósito con el público objetivo.

Sin embargo, para aquellos que busquen una historia hilada al estilo Reservoir Dogs (1992), donde cada línea de diálogo cuenta y suma hacia el clímax, es muy fácil sentirse insatisfecho al finalizar el filme.

Me gustaría recomendar la película especialmente a fans de películas como Nashville (1975), donde el hilo central de la película no existe y es conformado por varias historias que conjugan en un desenlace común.

Ah, y a fans de Brad Pitt. Porque Brad Pitt descamisao siempre suma puntos.

Te golpearás el pecho con…

  • Brad Pitt, que es muy guapo.
  • El mimo a cada detallito de la película.
  • El puto Rick Dalton.
  • El final.

Te golpearás la cabeza con…

  • La excesiva duración. No queremos imaginarnos lo que dura la peli sin los cortes de rigor.
  • El fetiche con los pies. Ya lo hemos pillado, Quentin.
  • Que no se termine de sacar jugo a la historia de la familia Manson y Sharon Tate.

EL VEREDICTO

Bananas cine. Peli o Manta. 4

¿Vais a verla? ¡John Doe y yo os leemos en los comentarios!

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Xenia Ruiker

Autodidacta con más aficiones que calcetines (y no porque a menudo se me caigan del tendedero) y defensora a muerte del acento diacrítico de "sólo". Me apasiona probar de todo sin prejuicios y luego arrugar la nariz o deshacerme en halagos, según toque. Amante del arte en todas sus formas, a menudo con un libro en la mano o delante de una pantalla. Mi lealtad sÓlo se compra con media tonelada de Nutella.

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