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[CRÍTICA] MIDSOMMAR

Llega a nuestros cines Midsommar, el nuevo y logrado filme de Ari Aster, director que pretende reformular el género de terror desde Hereditary, y con la que nos dejó con ganas de más. Si te perdiste nuestra crítica puedes rescatarla aquí.

Peli o Manta. Midsommar. Festividad

A pleno Midsommar

Mucho se habla de «terror a plena luz del día», como la novedad por la que Aster apuesta en el género con Midsommar. Pero cierto es que el terror psicológico hace décadas que explora las luces y sombras del ser humano sirviéndose de la claridad, valga la redundancia. Aunque, en este caso, quizá es más adecuado hablar de terror antropológico.

Ari Aster ha encontrado una fórmula que no nos puede interesar más. Aunque la excusa es otra que en Hereditary (2018), el modo de alcanzar el componente terrorífico y explotarlo valiéndose de circunstancias aparentemente inofensivas, sigue el mismo camino que en su anterior filme.

En Hereditary era el linaje, el componente genético, lo que lleva a los personajes al extremo. En Midsommar, es la comunidad, la pertenencia al grupo y sus creencias. Pero también el apego y la dependencia del ser humano en sus relaciones con el entorno.

Peli o Manta. Midsommar. Sacrificio

El ritual

El protagonismo se reparte entre una pareja en crisis, Dani (Florence Pugh y Christian (Jack Reynor), y los amigos de este último, compañeros y estudiantes de antropología. El grupo será testigo del complejo y laborioso ritual de solsticio de verano (Midsommar) que celebran los Harga, una pequeña comunidad sueca que vive alejada de la civilización y semioculta, conservando tradiciones ancestrales.

Como siempre, el terror está en lo que no comprendemos. En este caso, la ceremonia desconocida a la que los protagonistas están invitados y que observarán, desde sus primeras manifestaciones hasta un apoteósico final. Cada uno desde una mirada distinta, ya sea con afán investigador (Christian y Josh) o buscando alivio después del trauma provocado por una reciente conmoción (Dani).

Peli o Manta. Midsommar. Grito

Poco a poco, aunque sin comprenderla, irán experimentando el devenir de la festividad en ese paraíso desbordado de luz, rechanzándola o siendo absorbidos por sus ritos y su llamada a fluir con el «destino». Pues, ¿para qué conocer el porqué, cuando lo más convincente es la plenitud y serenidad con las que los Harga desarrollan sus ceremonias?

Estados alterados

Aster juega con los puntos de vista para combinar una visión subjetiva de la historia, sobre todo a través del personaje de Dani, con otra que apuesta por la objetividad.

La alucinación y los estados alterados de conciencia y de expansión los sentidos, ligados a lo iniciático y a la comunidad, sirven como recurso en la narración para potenciar la subjetividad de los personajes.

Sin embargo, la cámara se aparta de la subjetividad en numerosas ocasiones a través de planos que nos describen la festividad en todo su esplendor. Esos momentos, casi de documental, recrean brillantemente los escenarios, la decoración o las vestimentas sin mácula de los personajes, consiguiento una ambientación perfecta.

Una estética hermosa, nítida y ostensiblemente floral sirve como velo translúcido de los actos festivos, los trances inquietantes y la iconografía terrible que van descubriéndose poco a poco.

Peli o Manta. Midsommar. Maja

Conclusión – Midsommar, el juego del solsticio

Con sus solemnes ceremonias, Midsommar es un filme sobre la pérdida y la aceptación de ésta. Sobre la purga vital necesaria en el proceso del desapego que, una vez librada, nos permitirá florecer.

Y lo hace ofreciendo al humano el papel de portavoz oscuro de la naturaleza, el papel del que la interpreta y puede fluir con ella, si así lo desea.

En cuanto al reparto, Florence Pugh, gran actriz (no os perdáis Lady Macbeth, 2016), destaca muy por encima de los demás. Aunque también es remarcable el trabajo performático de los integrantes de la comunidad.

Peli o Manta. Midsommar. Florence

Midsommar propone un juego a los espectadores, que deberán canalizar su tensión resultante al ir descubriendo qué personaje caerá y en qué momento. La tensión de preguntarnos qué haríamos nosotros si nos viéramos atrapados sin necesidad de paredes, pasadizos o cerraduras. Simplemente atrapados en un delirio (o una revelación, quién sabe) a la que solamente deberíamos someternos.

Te golpearás el pecho con…

  • El escenario natural y la escenografía creada, que respiran y transmutan en los delirios del ser humano.
  • La tensión in crescendo excelentemente conseguida.
  • El hecho de que no hay justificaciones forzadas.

Te golpearás la cabeza con…

  • Algún personaje masculino que flojea.
  • La incredulidad se apoderará de algunos espectadores durante el metraje.
  • La inevitable sensación de déja vù que nos retrotrae a Hereditary en las secuencias del desenlace.

EL VEREDICTO:


Midsommar ya está en cines y aquí tenéis el tráiler:

Si queréis más críticas, no os perdáis Once Upon a Time in Hollywood.

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Laura Riera

De Palma. En proceso de aprendizaje y su contrario. Siempre a la búsqueda del cine (y cualquier forma de arte) que sacude perspectivas, conciencia y retina.

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