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EL GÉNERO OCULTO DE WHIPLASH

¿Es Whiplash una película de acción?

En Peli o Manta odiamos los spoilers, pero este análisis requiere desmenuzar la trama. Si todavía tienes pendiente Whiplash, te recomendamos leer únicamente hasta la línea de puntos que hemos marcado en la parte central del artículo y volver cuando la hayas visto (que, por cierto, ya estás tardando).

Whiplash fue la mejor película de acción del 2014. Solo que en ella no se pegaba ni un solo puño.  Y es que la película de Damien Chazelle abarca una multiplicidad de géneros, como son el drama e incluso el musical, pero sin duda también el de acción, ya que la estructura de la película, las relaciones entre los personajes, el formato del tercer acto y hasta el montaje y los encuadres de cámara hacen que Whiplash tenga mucho más que ver con títulos como Misión Imposible (Mission: Impossible, 1996) de lo que puede parecen a primera vista.

Whiplash es, ante todo – y como las mejores películas de acción -, una película sobre una lucha. Esta lucha es fruto de una constante oposición entre dos contrarios: el Andrew de Miles Teller y el Fletcher de J. K. Simmons. Andrew y Fletcher, como buenos contrincantes, son – en su esencia – la misma persona, solo que desde perspectivas opuestas: ambos son enamorados de la música, rigurosos profesionales, y obsesos dedicados al perfeccionamiento de su arte. Efectivamente, toda buena oposición de contrarios en el género de acción presenta a dos personajes que, destilados a su más pura esencia, son idénticos, pero que se colocan cada uno en un extremo de la línea moral. Así, Mel Gibson se enfrenta a su yo más joven cuando lucha contra Jet Li en Arma Letal 4 (Lethal Weapon 4, 1998); el 007 de Pierce Brosnan se enfrenta al otro mejor agente del MI6 en la figura del 006 de Sean Bean en Goldeneye (1995); Barney Ross y Conrad Stonebanks, ambos miembros fundadores originales del grupo de Los Mercenarios, se ajustan las cuentas a golpes al final de Los Mercenarios 3 (The Expendables 3, 2014)… Y así en cualquier película de acción que se precie. Este género refleja más claramente que ningún otro esa idea de Christopher Vogler de que las figuras de El Héroe y El Villano en una película en realidad se deberían llamar El Héroe y su Sombra, ya que el villano de cualquier pieza no es más que el reflejo oscuro y moralmente corrupto de los valores del protagonista. Esto es siempre cierto en el cine de acción, y es cierto definitivamente en Whiplash. El personaje de Fletcher, personificado en la imponente y robusta figura de J. K. Simmons (esta corpulencia musculosa del villano por supuesto tampoco es casualidad) representa toda la parte negativa de esa entrega, afán y entusiasmo por la música que muestra Andrew; es la corrupción y el ensombrecimiento de los valores del héroe. Así, la mera premisa de la historia de Whiplash ya se enmarca dentro de las tramas más clásicas del género de acción.

Para Andrew, al igual que para cualquier otro héroe de acción, las pruebas que tiene que ir superando a lo largo de la película se vuelven cada vez más peligrosas, físicamente amenazantes, y hasta potencialmente letales. Así, somos testigos del grado de sufrimiento físico que debe soportar Andrew para llegar al obsesivo nivel de calidad técnica exigida por el implacable Fletcher (en efecto, al tocar la batería sin ayuda de dobles en esta película, Miles Teller no tiene nada que envidiarle a Tom Cruise colgando del Burj Kalifa en Ghost Protocol), le vemos sudar, sangrar, llorar… Observamos cómo tiene que esquivar un platillo arrojado a su cara, y hasta le vemos salir reptando de un coche accidentado para llegar a tiempo a su próximo concierto. Claramente, con estas acciones, Andrew se está ganando su condición de héroe, pero dado el alto componente físico de todas ellas, es seguro afirmar que específicamente se está ganando el nombre de héroe de acción.

Pero nada convence más de esta teoría de que Whiplash es en realidad una película de acción que la presentación del tercer acto. Para cuando llegamos al concierto final ya hemos sido testigos de todo lo anteriormente comentado, pero aun con todo ello la película aún no se ha cementado como perteneciente al género de acción. En cualquier película la clave está en tener un buen final a la altura de las expectativas que los dos primeros actos han ido forjando, y en el caso del cine de acción, esto supone presentar lo que es la piedra angular de este tipo de género: la batalla final. Aquí, los dos personajes cuyo enfrentamiento se ha ido desarrollando a través de toda la película tendrán por fin su combate definitivo, y todos los temas y arcos de personajes que se han presentado anteriormente se cerrarán aquí, pero de manera física. Whiplash esto lo hace a la más pura perfección.

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Cuando comienza el tercer acto, lo primero que Chazelle hace es aumentar lo que los ingleses llaman “stakes”,  o lo que es lo mismo, el factor de peligrosidad. Nuestro héroe tiene que tener algo en juego, ya que de lo contrario no hay peligrosidad, no hay riesgo, y por lo tanto, no hay conexión con el público. Sin embargo, Whiplash nos establece las stakes rápidamente: Andrew está tocando en un auditorio lleno, cara a cara con su adversario, y la partitura que tiene no es la correcta. El público ya está metido en situación. Pero hasta aquí, la presentación del tercer acto de Whiplash todavía no ha ido más allá de lo que hace una película de cualquier otro género. Al fin y al cabo, cualquier buena película presenta unas claras stakes al comienzo de su tercer acto. No, es a partir de ahora que Whiplash presenta los elementos que la identifican con el género de acción, y que por lo tanto demuestran en qué clase de terreno nos encontramos.

Como buena batalla final, el tercer acto de Whiplash también está dividido en sus propios tres actos. Al fin y al cabo, la acción cinematográfica nos está narrando algo (como introdujimos en un artículo anterior, La Narración en el Cine de Acción). Los tres actos de la batalla final de Whiplash son: 1) Andrew es humillado por Fletcher y abandona el escenario; 2) Andrew regresa al escenario y le planta cara a Fletcher; y 3) Andrew se gana el respeto de Fletcher. Y como en toda buena batalla final que se precie, el paso del primer al segundo acto está enfatizado a más no poder. Ese acto de bajarse del escenario para luego volver a regresar no está ahí metido para hacer tiempo; sino que esa es la clave de la conversión de un personaje en héroe de acción. Es el “punto de inflexión” que el héroe necesita atravesar para ganarse definitivamente su condición de héroe, si no todo habría sido demasiado fácil para el personaje y por lo tanto no sería merecedor del título. Cuando Liam Neeson se encuentra cara a cara con el lobo alfa al final de Infierno Blanco (The Grey, 2011), coge un cuchillo en una mano y se improvisa un puño americano con unos vidrios rotos en la otra, y a la vez que recita los versos del poema de su difunto padre, “Once more into The Fray”, se abalanza contra el animal. En Gran Torino (2008), el Walt Kowalski de Clint Eastwood le regala su Estrella de Plata al valor que le dieron en Corea a su vecino Tao, añadiendo mientras se la entrega: “conocíamos el peligro, y aún así fuimos.” Y justo después de esto va solo, y desarmado, a enfrentarse a una banda de criminales japoneses. Esta misma acción es la que lleva a cabo Andrew al final de Whiplash cuando abandona pero luego regresa al escenario. Lo primero que hace es levantarse de su asiento, humillado y avergonzado, y correr desesperadamente al cálido y acogedor amparo de su padre. Sin embargo, una vez ahí, no se conforma con esta vuelta a su zona de comfort, y mira atrás. Y ahí, en ese momento, decide. Decide abandonar los cómodos brazos de su padre, la hospitalidad del mundo terrenal, y sale por última vez al escenario, a la batería; a su particular terreno de combate. Conoce el peligro, y aún así avanza. Con esa decisión, Andrew abandona el reino de los mortales y se convierte en algo más. Cuando Andrew sale del escenario por primera vez era solo un hombre; cuando pone el pie de nuevo sobre él, es un héroe de acción.

A partir de este momento, nos encontramos por completo en territorio del género de acción, y todas las cosas que acontecen así lo demuestran. También en nuestro anterior artículo, introdujimos ya el concepto de que la acción tiene un componente narrativo que avanza la trama y los conflictos entre personajes de forma física; es decir, que cada golpe en realidad tiene un significado. El género de acción utiliza puñetazos y patadas para marcar momentos narrativos decisivos, giros argumentales que son enfatizados mediante una acción física. Whiplash eso lo entiende, y lo usa. Así, una vez que Andrew ha atravesado su particular punto de inflexión y se sienta de nuevo frente a la batería, comienza a tocar ante un incrédulo Fletcher, quien se acerca amenazante, solo para recibir un golpe de platillo en la cara. Chazelle ha utilizado un recurso elemental del género de acción: con este golpe nos hace saber que nos encontramos en el segundo acto de la batalla; ahora Andrew va a plantarle cara a Fletcher. Metafórica y literalmente, Andrew golpea a su contrincante. The game is on.

En sus secuencias de batalla, y aún más en la batalla final, el género de acción siempre ha hecho gala de un deleite a la hora de mostrar la violencia y el castigo al que son sometidos sus protagonistas. Ya sea utilizando secuencias en cámara lenta o un uso exagerado de los cortes para enfatizar un golpe, estas escenas muestran unas imágenes que se recrean en la violencia y en la pura visceralidad de la acción ejecutada. Lo mismo se puede decir de Whiplash. Una vez que Andrew ha demostrado a Fletcher que va a mover la siguiente flecha en su particular y sádico juego de venganza, tiene lugar el que es su gran momento: un apoteósico solo de batería con el que por fin consigue lo que llevaba toda la película buscando: el reconocimiento – y respeto – de Fletcher. Este es claramente el clímax de Andrew, y la película lo rueda como tal, haciendo uso de técnicas de nuevo pertenecientes al género de acción. Para enfatizar más el momento – y el hecho de que es un solo de batería – la película elimina los demás sonidos alrededor de Andrew; al igual que hace Roland Emmerich al final de El Patriota (The Patriot, 2000) cuando Benjamin Martin se dispone a disparar al coronel que había asesinado a su hijo. Pero lo que es más, Chazelle, al igual que innumerables directores de acción, se recrea en la tortura física a la que es sometido Andrew durante este momento. Mediante una serie de primerísimos planos, la mayoría de ellos también a cámara lenta, somos testigos del sufrimiento y agotamiento de Andrew durante la que es su mayor hazaña. Vemos las gotas de sudor cayendo de sus orejas, empapando los platillos que está tocando; vemos su cara contraída por el esfuerzo y el dolor. En esencia, vemos a un héroe de acción haciendo lo que solo él puede hacer: demostrar su valía, técnica y fortaleza a través de un esfuerzo físico sobrehumano. Un mero mortal no puede llevar a cabo este reto. Un héroe de acción, sí.

Y finalmente, tras haber protagonizada estas épicas hazañas, la película llega al punto álgido del frenesí rítmico de la batería, y corta a negro para dar lugar a los créditos finales. Chazelle ha llevado la experiencia a su cenit, y la ha acabado ahí, exactamente igual que hizo John G. Avildsen en 1976 al final de la primera entrega de Rocky.

Así, analizando estos elementos de estructura, caracterización, grabación y hasta montaje, podemos observar que Whiplash en realidad se enmarca dentro de un género con el que quizás no se la identificaría a primera vista. Y es que por supuesto, Whiplash es muchas cosas, y desde luego no se puede reducir por estas razones solo a un tipo de género. Sin embargo, lo que sí podemos es ahora apreciarla bajo una nueva luz y darnos cuenta de que en esencia Whiplash es también una espectacular película de acción. Y de las buenas.

Alberto González Carrascal

Amante y defensor del cine de acción. Montador profesional y aspirante a especialista. Mel Gibson & Tom Cruise --> Underrated.

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