
Misión: imposible 2 (2000)
M:I II llegó a las pantallas de la mano de uno de los nuevos talentos extranjeros importados por Hollywood: John Woo. Woo, mítico director que se había ganado su fama en Hong Kong desarrollando un nuevo subgénero de acción conocido como el “Heroic Bloodshed” (caracterizado por operísticos ballets de pistolas y pirotecnia al servicio de historias enraizadas en temas dramáticos como el honor y la fraternidad), llegó a Hollywood en los 90 y si bien sus primeras películas americanas no estuvieron al nivel de su cine asiático, sí que consiguió realizar en 1997 lo que para muchos es su obra maestra: Cara a cara (Face / Off).
Para cuando Tom Cruise le contrató para realizar la segunda entrega de Misión: Imposible a finales de los 90, ambos hombres se encontraban en la cima de sus respectivas carreras. El resultado de la combinación de Cruise y Woo, dos rigurosos perfeccionistas, fue la que generalmente está considerada como la peor entrega de la saga. Woo dotó a la película de toda su estampa personal, y las dos horas de metraje son un sinfín de estilizadas coreografías de gun-fu, palomas, cortes frenéticos y movimientos a cámara lenta, lo que en las otras películas de Woo había causado una gran acogida, pero que en esta por alguna razón fue percibido como un exceso estilístico.
Además, Cruise, en esta época totalmente intocable debido a su estatus como la mayor estrella hollywoodiense del momento, presenta a su Ethan Hunt más como un superhéroe que como un agente secreto de carne y hueso. Este atraviesa llamas de fuego montando en moto, cae de edificios en poses esculturales, levanta pistolas del suelo de una sola patada y prácticamente levita a la hora de disparar. Hunt – es decir, Cruise – no son meros humanos, sino superhombres que moldean sus mundos cinematográficos a su total voluntad.

Sin embargo, lo más importante de Misión: Imposible 2 es que sentó el precedente definitivo para aquello que se convertiría en la marca distintiva de la saga en el futuro: los descabellados stunts o secuencias de riesgo. Woo es un genio a la hora de elaborar extravagantes secuencias de acción, y eso fue exactamente lo que hizo para esta película. El tercer acto de la misma es una sucesión constante de peripecias a cada cual más espectacular, que requerían toda una maquinaria por parte del equipo de especialistas de la película para asegurar que las extremadamente arriesgadas secuencias pudieran realizarse sin que nadie perdiese la vida en ellas.
Cruise alucinó.
Lo que ya había intentado hacer en la primera entrega con el robo en Langley – concretamente llevar sus capacidades físicas al límite – aquí lo pudo hacer de verdad. Cruise se lanzó de lleno a la realización de todas las peligrosas las secuencias de acción, empapándose del conocimiento que le proporcionaban Woo y el equipo de especialistas y – para disgusto y sudor frío del propio director – insistió en realizar escenas tan arriesgadas como la escalada en las montañas del principio, la persecución de motos del tercer acto – incluyendo colisión entre dos motos en el aire – o el momento en el que un cuchillo se para a escasos centímetros de su retina derecha. La edición en DVD de esta película incluye un fascinante documental en el que es apasionante observar la dedicación de Cruise – claramente disfrutando cada segundo de la acción – al insistir en repetir secuencias para conseguir la toma más perfecta posible. El documental es probablemente mejor que la propia película.
De este modo, aunque Misión: Imposible 2 fue apaleada por la crítica, consiguió recaudar suficiente dinero para asegurar una secuela, y lo que es más importante: le puso la miel en los labios a Cruise con respecto a los stunts, solidificando esa adicción al riesgo que caracterizaría las posteriores entregas de la saga.



