
Con motivo del estreno de Nouvelle Vague (Richard Linklater, 2025) el próximo 1 de mayo en la plataforma Filmin, os traemos su crítica y os animamos a verla o a darle un segundo visionado a los que ya disfrutasteis de ella en cines.
¿OTRO HOMENAJE? | NOUVELLE VAGUE
La desconfianza inicial al saber que –el siempre interesante– Linklater se proponía homenajear a la Nouvelle Vague con, además, un título claro, conciso y que no da pie a error, fue considerable. ¿Estaría al nivel de Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003), que se nutre de esa década efervescente y desemboca en el mayo francés, y que tan bellamente traslada al espectador la revolución política y cultural que supuso?

Superadas las primeras reticencias, entendemos que compararlas –a pesar de ser ambas dos enormes ejercicios cinéfilos–, carece de sentido, puesto que su espíritu es distinto. Otro director de Texas, Wes Anderson, ha seguido una línea, hermana de la de Linklater, de reivindicación cinéfila europeizante, coincidiendo ambos, entre muchos otros, en el documental Hitchcock/Truffaut (2015), y con la magnífica The french dispatch (2021).
PROHIBIDO MERCANTILIZAR
Nouvelle vague no es una de tantas recreaciones “de escaparate” para acabar mercantilizando lo que en un tiempo y espacio concretos tuvo su razón de ser. Es un filme que sortea la tentación del trompe l’oeil superficial y se transforma en una auténtica obra por sí misma.

Linklater prefiere no sobreexplicar los inicios de la energía, incendiaria y compartida, que orbitaba en torno a la revista Cahiers du Cinéma de Bazin, Doniol-Valcroze y Lo Duca. En cambio, reduce la explicación al mínimo –con acertadas presentaciones en forma de títulos crédito de los distintos personajes– y prefiere ir a la acción. Trata inteligentemente al espectador como pleno conocedor de lo que allí se muestra o, en su defecto, como potencial interesado. Como destinatario que intuye y se ve imbuido, poco a poco, de algo puro y sorprendente.
¿POR QUÉ GODARD?
Aunque se confiesa más afín a Truffaut o a Rohmer, Linklater elige el momento de mayor desconcierto y ruptura: la aparición en escena de Jean-Luc Godard. En 1959, habiendo debutado unos Chabrol y Truffaut en el punto de mira, Godard pide paso para realizar su ópera prima, À bout de souffle (1960).
Quienes, en algún momento, nos hemos interesado por la figura de Godard, sabemos que Linklater ha sido benevolente con su versión del cineasta francés –interpretado con soltura por Guillaume Marbeck–; pero no por ello resulta equivocada. Con un casting inspiradísimo, consigue caracterizaciones sobresalientes de todo el reparto (Rossellini o Cocteau son casi calcos).

Pero no se entretiene demasiado en los demás ideólogos, teóricos, directores o compañeros satelitales de la Nouvelle vague. Representan los cimientos, la base, el apoyo –Truffaut siempre aparece cuando se le necesita– pero, a pesar de un halo coral inevitable, Godard es el moteur, el aventurero, nuestro punto de referencia, como si no hubiera intermediario entre él y nosotros y quisiera confesarnos su anhelo de dinamitar el mundo.
NEW YORK HERALD TRIBUNE!
Lo que hace tan interesante a Nouvelle vague es que Linklater sabe de qué habla y, por ello, sabe superarlo. Juega con algunas limitaciones técnicas para capturar la estética. Coquetea él mismo con la improvisación y deshilacha el guion para honrar así a uno de los mayores abolicionistas del mismo de toda la historia del cine.

Su cinefilia es radiográfica, pero lo suficientemente rebelde como para no limitarse a emular el estilo o los recursos que caracterizan el primer cine de Godard. En vez de eso, lo absorbe y diseña su propia caméra-stylo: crea un estilo afín, paralelo, adoptando un ritmo enérgico y absorbente.
Pero, además, consigue lo más difícil: empaparse del espíritu de la época en cuanto a las relaciones entre los personajes encarnando, en sus acciones y diálogos, un desenfadado compromiso o, si se quiere, esa seria despreocupación o languidez, tan característicos. Y, en todo momento, orbita el anhelo del creador, la inspiración alocada de quien ágilmente sortea el miedo y, lo mejor de todo: lo contagia rabiosamente al espectador.
EFECTIVAMENTE, UN HOMENAJE | NOUVELLE VAGUE
Nouvelle vague, en esencia, podría leerse como un homenaje semejante a los de los redactores de Cahiers de cinéma a sus «autores» de cabecera, mientras duró una auténtica revolución que, como todas, fue un conjunto indescifrable de oportunidades, empeños y talentos.
Pero Nouvelle vague también es la prueba de que los “genios” incomprendidos, tengan mejor o peor genio, se sientan más o menos extraterrestres entre los demás humanos, deben apoyarse en los demás. No os la perdáis.
Te golpearás el pecho con:
- Su ritmo y frescura contagiosos.
- Su radiografía honesta y natural de lo que fue parte fundamental de la Nouvelle vague.
Te golpearás la cabeza con:
- Que no reciba el reconocimiento que merece.
EL VEREDICTO:

Eloy Rojano nos trae la Lista completa de todas las ganadoras del Oso de Oro a Mejor Película en la Berlinale, en sus 75 ediciones, con comentarios y curiosidades.



